Blog · Reflexiones
Seguir a Jesús un martes cualquiera

Lucas 9:23; Colosenses 3:17
Cuando pensamos en seguir a Jesús, a veces imaginamos decisiones enormes: dejar todo, irse de misionero, hacer algo heroico. Dios llama a algunos a eso. Pero para la mayoría de nosotros, el discipulado se juega en lugares mucho menos llamativos.
Jesús dijo que si alguien quiere ir en pos de Él, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirlo (Lucas 9:23). Cada día. No una vez en un retiro, sino el lunes, el martes, el jueves de lluvia en que todo sale mal.
Seguir a Jesús un martes cualquiera puede ser responder con paciencia cuando tu hijo te pregunta lo mismo por quinta vez. Hacer bien tu trabajo aunque nadie te vea. No sumarte al chusmerío en el ómnibus o en el grupo de WhatsApp. Pedir perdón cuando te equivocaste con tu esposa. Mandarle un mensaje a ese hermano que hace semanas que no viene.
Pablo les escribe a los colosenses que todo lo que hagan, de palabra o de hecho, lo hagan en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él (Colosenses 3:17). Todo. No hay una parte de la vida que sea espiritual y otra que no.
Esto puede sonar a más presión, pero en realidad es un alivio. No tenés que esperar a una gran oportunidad para servir a Dios. La tenés hoy, en tu casa, en tu barrio, en tu trabajo en Las Piedras o donde sea.
Y no lo hacemos solos. Jesús no nos pide que lo sigamos a fuerza de voluntad. Nos da su Espíritu, nos da su Palabra y nos da una iglesia para caminar juntos. Cuando fallamos, que va a pasar, volvemos a Él, recibimos su perdón y seguimos.
El discipulado es una larga obediencia en la misma dirección, con muchas caídas y con un Salvador que no suelta.
