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Adulam, Iglesia Bautista

Blog · Reflexiones

Pan, copa y agua

24 de octubre de 2026

1 Corintios 11:23-26; Romanos 6:3-4

Jesús dejó a su iglesia dos prácticas sencillas: el bautismo y la Cena del Señor. No tienen nada de espectacular. Agua, pan y una copa. Pero en esas cosas comunes Dios nos muestra algo enorme.

El bautismo es el testimonio público de que alguien pertenece a Cristo. Pablo lo explica en Romanos 6: los que fuimos bautizados en Cristo fuimos bautizados en su muerte, y así como Él resucitó, también nosotros andamos en una vida nueva (Romanos 6:3-4). Bajar al agua es como ser sepultado con Él. Salir es como resucitar con Él.

Como iglesia bautista, bautizamos a quienes han confesado su fe en Jesús. El agua no salva. Lo que salva es Cristo, recibido por la fe. Pero el bautismo es la manera en que el creyente dice delante de todos: soy de Jesús. Y es también la puerta para formar parte de una iglesia local.

La Cena del Señor la celebramos una y otra vez. La noche en que fue entregado, Jesús tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo que era su cuerpo entregado por nosotros. Después tomó la copa y habló del nuevo pacto en su sangre. Pablo agrega que cada vez que comemos ese pan y bebemos esa copa anunciamos la muerte del Señor hasta que Él venga (1 Corintios 11:23-26).

En la Cena miramos para atrás, a la cruz. Miramos alrededor, a los hermanos con quienes compartimos la mesa. Y miramos para adelante, al día en que comeremos con Cristo en su reino.

No es una mesa para gente perfecta. Es para pecadores que confían en Jesús. Por eso, antes de participar, nos examinamos, confesamos nuestro pecado y nos acercamos con fe, no con miedo.

Si nunca te bautizaste y querés dar ese paso, o tenés preguntas sobre la Cena, hablá con nosotros. Nos encantaría acompañarte.

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